Un alumno casi nunca se va de un día para otro. Primero falta a una clase, después a otra, después tarda en contestar, y un día te dice que está complicado. En cada paso hubo un momento en que un mensaje tuyo podía hacer la diferencia.
El problema es que con 20, con 50 o con 150 personas no alcanzas a mirar a todos. Cuidar a quien ya está casi siempre cuesta menos que conseguir a alguien nuevo, así que vale la pena tener un método. Este es uno simple, que sirve igual para un coach que para un gimnasio.
Se va de a poco.
Estas son las señales que suelen aparecer, de las más a las menos evidentes:
- Dejó de venir. Lleva semanas sin aparecer, o falta seguido a lo que reservó.
- Viene, pero a medias. Llega tarde, acorta las sesiones o hace menos de lo que le tocaba.
- Tarda en contestar. Antes respondía al tiro; ahora tus mensajes quedan sin leer.
- Su plan está por vencer o atrasado. A veces no se está yendo del gimnasio: se está yendo del pago.
- Cambió de horario sin avisar. Sigue, pero ya no coincide contigo.
Ninguna señal sola dice que se va. Varias juntas, sí.

Tres grupos, no cincuenta nombres.
En vez de revisar a todos, ordénalos en tres grupos, y mira solo esos:
- Se está cayendo. Dejó de venir o viene mucho menos que antes. Es el primero a quien escribirle.
- Le está costando. Sigue viniendo, pero hace menos de lo que le tocaba: se queda corto en las series, acorta las sesiones o llega cada vez más cansado.
- Listo para más. Cumple todo lo que le toca y le sobra. También merece un mensaje: nadie quiere sentirse invisible por ir bien.
Si hoy no tienes un sistema, una planilla alcanza para partir. Una columna con la última vez que vino cada persona, ordenada de la más antigua a la más reciente, ya te muestra el primer grupo en la parte de arriba.

Cómo escribir.
Corto, personal y sin culpa. El mensaje no pregunta «¿por qué no vienes?»; abre una puerta. Tres ejemplos, con nombres inventados:
A quien dejó de venir. «Hola, Diego. ¿Cómo has estado? Quería saber de ti. Si te cambió el horario o pasó otra cosa, cuéntame y lo vemos juntos, sin apuro.»
A quien le está costando. «Hola, Sofía. Esta semana se veía pesada. ¿Cómo la sentiste? Si quieres, conversamos qué ajustar.»
A quien va bien. «Hola, Matías. Vi que vienes muy constante. ¿Qué tal te sientes? Cuando quieras, conversamos qué sigue.»
Fíjate en lo común: empiezan por la persona, no por la falta, y dejan una salida fácil.
Si te contesta que le duele algo, que no se siente bien o que el cansancio no se le pasa con descanso, no lo empujes a entrenar: escúchalo sin juzgar y sugiérele que lo vea un profesional de la salud.

Veinte minutos, una vez por semana.
La constancia pesa más que el mensaje perfecto. Elige un momento fijo (el lunes en la mañana, por ejemplo), abre tus tres grupos y escribe a los que corresponda. Con cinco o diez mensajes por semana ya estás cuidando a la gente que más lo necesita.
Una rutina que se puede sostener se ve así:
- Abres la lista y miras primero a quienes se están cayendo.
- Eliges entre cinco y diez personas, no más. Si son más, las que llevan más tiempo sin venir van primero.
- Escribes un mensaje distinto a cada una, de dos o tres líneas.
- Anotas a quién le escribiste y la fecha, para no repetirte ni olvidarte de nadie.
Anota también quién contestó y quién no. Si alguien no responde, no insistas con tres mensajes seguidos: uno, y se espera una semana.
Lo que no conviene.
- Mandarle lo mismo a todos. Se nota, y se siente a mensaje masivo.
- Cobrar en el mismo mensaje en que preguntas cómo está. Separa las dos conversaciones.
- Compararlo con otros alumnos. Nunca ayuda.
- Hacerlo sentir culpable por faltar. Descansar no es fallar: a veces una pausa es lo que la persona necesita para volver.
- Pelear por retenerlo. A veces se va por razones que no tienen que ver contigo: un cambio de trabajo, una mudanza. Respetarlo también es cuidarlo.
Si se va igual.
Pregúntale una sola cosa: «¿Hay algo que habrías cambiado?». Anota lo que responda. Te enseña más que cualquier encuesta, y deja la puerta abierta: su lugar sigue ahí si quiere volver.
Si te cuenta que se fue por un dolor o una lesión, no improvises: que lo vea un profesional de la salud, y retomen cuando él lo indique.
Consejos generales para personas sanas. Sprots no reemplaza la indicación de un profesional de la salud.
Y Sprots.
Al abrir la app, Sprots te muestra a quién mirar hoy, a partir de lo que dejaste armado para cada persona y de lo que hizo con eso: quién se está cayendo, a quién le está costando y quién está listo para más. Es para coaches y para gimnasios. Muy pronto en la App Store y Google Play. Avísame cuando salga →